Capilla del Espíritu Santo en Rosario de Jorge Scrimaglio

Cuando hacia 1962, el entonces recién recibido y con 25 años, Jorge Scrimaglio (JS), fue comisionado a realizar una capilla en una de las habitaciones de la casa que ocupaba el Hogar Universitario Femenino de Rosario, una casa chorizo con su típica serie de habitaciones alineadas, su primera reacción fue rechazar el encargo. JS ferviente admirador de Frank Lloyd Wright, pensaba que nada bueno podía hacerse con ese espacio. Su organización, absolutamente artificial y tipológica, era ajena al carácter de toda geografía que no fuera el tejido de la ciudad tradicional, nada de ella respondía a la especificidad de sitio alguno (salvo que entendamos por tal la burocrática organización parcelaria de nuestras ciudades). El desprecio del Movimiento Moderno en general (y el organicismo en particular) por el carácter indeterminado de este tipo de construcciones le dificultaba a JS ver las posibilidades de ese espacio, dificultad que -ya veremos- pronto superó.

Al finalmente aceptar el encargo -y dedicarle mas de un año, hasta que las autoridades lo echaran- JS intervino la habitación elegida. Esta linda con un patio cubierto con una gran claraboya superior, y él no solo incorporó nuevos elementos constructivos sino además modificó sus bordes donde lo necesitaba: hacia el patio, tanto para cambiar el acceso como para aumentar la superficie de iluminación, hacia la habitación lindera para agregar un acceso al coro y dejar la escalera de ascenso a este en la otra habitación (solución que seria anulada al ser JS separado de la obra, como se puede leer en la memoria de la obra que publicó en la revista Nuestra arquitectura 416, en el año 1964) y hacia abajo retirando la cámara de aire que se hallaba bajo el piso de madera, reemplazándolo por un piso de cerámica roja apoyado directamente sobre el suelo natural e incrementando así la altura del espacio útil. Retiró toda decoración de la habitación, haciendo de esta un prisma puro al que agregaría un nuevo borde que redefiniría el espacio interior.

Enfrentó la tarea trabajando el proyecto en el sitio de construcción, ensayando con las mismos materiales que usaría para la obra: una serie de listones de pino brasil (una madera de tonos rojizos) de 2”x 2”, yuxtapuestos y cruzados, de tal manera que con un solo elemento constructivo (el referido listón) resolvió paramentos, bancos, escalera, coro, altar, cruz, sagrario, etc. Salvo en algunos puntos que une un listón a otro conformando un plano ciego, en general entre uno y otro hay un espacio vacío que o deja ver el muro trasero, o permite vistas en el mismo interior o -fundamentalmente- deja pasar una siempre controlada luz exterior. La capilla queda así definida por un nuevo borde que en algunos casos solo cubre los muros y en otros los atraviesa, entrando y saliendo de la habitación según lo requiriera la propuesta. Alguna vez inclinando planos para tomar la luz del exterior, otra como pantalla permeable, otra para definir el acceso a la capilla o -como ya fue dicho- al coro ubicado en un plano intermedio.

Si en principio JS no valoró nada la habitación que se le daba para modificar, en la obra resultante se ve como se potencia lo nuevo con lo viejo: la capilla del Espíritu Santo es hoy ambas cosas a la vez: la caja neutra preexistente y la estructura agregada, la que como un mobiliario desbordante, resuelve situaciones de rito, carácter y sentido. El pensar los elementos agregados por si solos no sería más que un ejercicio escolar, la obra termina uniendo lo propuesto y la habitación originalmente despreciada en un todo inescindible. Para JS la cruda habitación se había convertido en sitio.

El tipo de construcción elegido –listones que se yuxtaponen alternadamente-, resuelve no solo el modo de organización material, sino fundamentalmente el carácter de los paramentos y la luz que los ilumina. Especialmente determina esta, ya que al entrar rebotando en los planos oblicuos hechos en la misma madera -y habiendo sido cada listón seleccionado por su color según el punto en el que sería colocado- tiñe a la madera del interior de una luz de su misma tonalidad, proveyendo una intensidad única para el tamaño de espacio resultante.

Vista hoy la capilla toma además un sentido práctico: ante la incapacidad de muchos arquitectos contemporáneos de dominar planos y espacios sin repetir indefinidamente elementos (de hecho algunos ya llegan a creer que es la única manera), JS nos da una lección de cómo se construye un espacio con la repetición de un único elemento sin caer nunca en esquematismos programáticos. La luz vibra de un modo único, la sola experiencia de ver el paso del tiempo en las variaciones de la luz solar le confiere a la capilla su carácter y sentido. De hecho uno se tienta a pensar que cuando Gilbert Simondon en El modo de existencia de los objetos técnicos habla de ciertos puntos-clave que construyen la más primitiva y pregnante de las organizaciones, la de la reticulación del mundo en lugares y momentos privilegiados, se está refiriendo a sitios como la capilla del Espíritu Santo.

El modo de tratar el espacio con la luz y la materia, nos recuerda además algo que no deberíamos olvidar: que toda la gran arquitectura es ejemplar. Sí, la gran obra de arquitectura no solo es única, además tiende a la serie, no cierra el camino tras de si, sino que lo abre. Ante tantas obras que buscan la excepcionalidad proponiéndosela solo en su carácter negativo (el de no ser como ninguna otra cosa), la capilla del Espíritu Santo es simultáneamente una obra ejemplar -entendiendo por ejemplar en este sentido una obra que entronca con una tradición y prepara la que la seguirá- y un momento único. Esta obra de JS es ambas cosas a la vez, es obra única y es serie. Podemos simultáneamente experimentar su carácter excepcional y aprender su lección. La misma dualidad que se da entre la casa preexistente y la intervención de JS, la tenemos entre estos dos formas de entender la arquitectura. Como la de la construcción de un espacio que es a la vez artificial y natural. Esta fue la particular forma que el arquitecto encontró de fundir su arquitectura con un sitio que rechazaba. La luz, la materia, la medida y la proporción se convierten en manos de JS en una síntesis; el medio con el cual construir un momento único para la arquitectura y para el culto.

Finalmente la obra de JS encontró lo que merece toda gran obra: su más justa valoración (y no precisamente entre los arquitectos): desde hace unos pocos años está vedado por la Madre Superiora de la comunidad la entrada a la capilla para su simple observación. Nosotros, meros curiosos sin otro fin devocional que esa extraña forma de turismo cultural que es la visita a obras de arquitectura, vemos hoy imposibilitado el acceso para el más simple deleite estético. Y es justo que así sea, porque si los anteriormente referidos puntos-clave (centrales en la profesión de fe de cualquier rito) son -según Simondon- reales y objetivos, instancias en las que el ser humano se encuentra irremediablemente vinculado con el mundo (y si a algo aspira este artículo es a aseverar que la capilla del Espíritu Santo entra en esa categoría), nada debemos hacer allí quienes solo vamos a apreciar un modo -finalmente técnico- de producción.

En Revista 1:100 número 29, noviembre 2010, pp 68-71.