Escuela de los Sindicatos Alemanes. Bernau - Hannes Meyer y Hans Wittwer. 1928.

Un par de años después de haber perdido el concurso de la Peterschule y casi simultáneamente con su nombramiento como director de la Bauhaus, Hannes Meyer participó en un concurso por invitación para la construcción de la Escuela de los Sindicatos alemanes en Bernau. Entre los cinco equipos invitados se encontraban (además de Meyer-Wittwer) los de Max Taut , Max Berg, Aloys Klement y Willy Ludewig. El jurado tenía el máximo nivel: Heinrich Tessenow, Adolf Behne y Martin Wagner.

El programa pedía espacios para una serie de actividades de muy distinto orden y tamaño: habitaciones para los alumnos, comedores, aulas, talleres, gimnasio, piscina y otros. No había ninguna demanda de representación y el proyecto debía desarrollarse en un amplio terreno con un suave declive, rodeado de abetos y con un lago en el centro.

La propuesta de Hannes Meyer y Hans Wittwer sorprendió porque a diferencia de las presentaciones de sus competidores, no trató de forzar los espacios para lograr un carácter unitario (que terminaba siendo innecesario tanto por el tema como por la locación) y se concentró (según la memoria que presentaron al concurso) mas en mostrar cómo se organizaba una comunidad que un conjunto edilicio, además de desarrollar una innovadora preocupación por el funcionamiento del edificio como un organismo, lo que los llevó a desarrollar diagramas y esquemas que mostraban la eficiencia térmica de su propuesta (aunque algún especialista contemporáneo les podría criticar el exceso de perímetro).

El planteo de conjunto del edificio es sumamente innovador (fig. 1). La simpleza con la que desarrollan en el terreno los diferentes cuerpos en los que divide el programa -eligiendo para cada uno de ellos la forma más eficiente-les permite que tanto cada uno de estos, como la circulación que los une, mantengan una relación óptima con el entorno (fig. 2). Incluso sorprende la pertinencia con que eligen para cada uno de los cuerpos una técnica constructiva diferente: estructura metálica para la calle-corredor, pórtico de hormigón y vidrio para el comedor, gimnasio y piscina, simple estructura trilítica de hormigón y ladrillos para los dormitorios. El edificio se desarrolla en el suave declive del terreno sin imposiciones, la geometría con la que se organiza el conjunto le otorga la libertad de ir haciendo que el edificio ascienda y descienda sin imponer al sitio un orden propio (figs. 3 y 4). La resolución de los detalles es también sumamente pertinente: un tratamiento muy simple, con exhibición de las instalaciones y estructuras, más propios en ese momento de instalaciones fabriles que de instituciones de enseñanza. La gracia con la que se resuelven detalles constructivos como las ventanas de las escaleras o el comedor, siguen sorprendiendo todavía hoy Figs. 5 y 6).

El carácter del edificio varía según los distintos cuerpos en los que se articula: pesada fábrica de ladrillos en los dormitorios, liviana y transparente estructura metálica en la calle-corredor (fig. 7), musculosa estructura de hormigón en los espacios sociales (gimnasio, piscina y comedor)(fig. 8). Cada sector encuentra su tono y todos los espacios muestran una relación propia con el entorno circundante, ya que la organización de la planta de conjunto le permite a cada una de las secciones establecer una relación particular, ya sea con el bosque, con el lago, o con ambos.

El edificio sorprende además como un claro ejemplo de Neobrutalismo avant la letre. Cuando uno verifica que fue construido 20 años antes que la Hunstanton School (considerada la obra inicial del movimiento, construida por Peter y Alison Smithson entre 1948 y 1954) sorprende la nula referencia a esta de parte de los neobrutalistas -teniendo en cuenta el interés que estos tenían por encontrar antecedentes a sus propuestas. La obra de Meyer-Wittwer cumple con todos los principios del movimiento neobrutalista: legibilidad de la planta, clara exhibición de la estructura y valoración de los materiales por sus cualidades inherentes usados as found. Incluso Meyer-Wittwer usan el material que se volvería fetiche de los neobrutalistas: el hormigón visto. Pero aún más notablemente, la memoria del proyecto presentada al concurso (que mostraba su preocupación en construir una comunidad antes que un edificio) parecía adelantar las palabras que más tarde usarían Peter y Alison Smithson en su presentación del movimiento neobrutalista en las páginas del Architectural Design en 1955: “Consideramos la arquitectura como el resultado directo de un modo de vida”.

Porque si una de las aspiraciones de los neobrutalistas era captar algo de la calda vita de las calles tradicionales de los barrios populares en sus proyectos (usándola incluso en altura en los conjuntos de vivienda), ¿qué otra cosa hacían Meyer-Wittwer con el corredor que une el conjunto de su proyecto? Incluso la sensibilidad por el tipo de detalle de obra gruesa y fabril es también adelanto de lo que llevaría adelante hasta el hartazgo el neobrutalismo. Y si la aspiración máxima de los neobrutalistas era “alcanzar relaciones emotivas con materiales en bruto” , no otro parece ser el logro de la obra de Hannes-Wittwer: el ajuste con el que unen estructuras de hormigón, acero, vidrio, ladrillo con detalles de matriz fabril, en perfecta armonía con el bosque de abetos y el lago. Una obra de 1928 había alcanzado los ideales que tanto costaban encontrar en las obras de un movimiento nacido un cuarto de siglo después, que no solo dominaría la escena por los siguientes 25 años, sino que aún hoy encontramos que algunas de sus aspiraciones son vistas por muchos como si fueran condición sine qua non de la buena arquitectura, funcionando para casi como el fetiche de estos tiempos. Porque parte de la estética neobrutalista (por no creer que lo que se aspira es a su ética, sobre todo si participamos de la duda de Reyner Banham) es seguida hoy por muchos que ignoran que siguen una tradición iniciada por esta obra de Meyer-Wittwer: en 1928 Le Corbusier aun no había comenzado a usar los materiales en bruto, práctica que los neobrutalistas tomarían como inspiración conciente.

La escuela de Meyer-Wittwer nunca alcanzó el reconocimiento que debería haber tenido no solo por la ceguera de teóricos e historiadores (aunque si hacemos caso a las palabras de Arnold Schönberg en su discusión con Mann y Adorno, nunca deberíamos esperarlo), sino porque su historia fue tan trágica como la historia del Siglo XX europeo. A tres años de inaugurada, fue confiscada por el gobierno nazi que la destinó a centro de entrenamiento de las SS, luego de la guerra fue cercada por las autoridades de la hoy extinta República Democrática Alemana para usos secretos, hasta que luego de la re-unificación alemana, reapareciera (no sin un intento de demolición frenado a tiempo) para poder hoy aspirar a encontrar una valoración justa a sus valores históricos y arquitectónicos.

En Revista 1:100 número 46, noviembre 2013, pp 74-79.