Raleigh house 1954-2001 - Eduardo Catalano.

Cuando Eduardo Catalano (EC) vuelve a EEUU invitado por Henry Kamphoefner a dirigir el Departamento de Arquitectura de la North Carolina State University (NCSU), -luego de haber sido becado para estudiar en Pennsylvania y en Harvard con Gropius y Marcel Breuer y de haber pasado un tiempo enseñando en la Architectural Association-, decide construir una casa para él y su familia. Adquiere para esto un terreno en las afueras de Raleigh, en un sitio boscoso y con leves declives del suelo en el que proyecta una casa muy simple.

Usando sus investigaciones sobre las estructuras de doble curvatura, plantea para la cubierta una sección de paraboloide hiperbólico de planta cuadrada de poco más de 20 mts. de lado y 30 mts. en su diagonal, a cuyos extremos ubica sus únicos dos apoyos (1).

Un podio nivela el terreno para ubicar el espacio de uso tanto interior como exterior de la casa y además le permite pasar por debajo el tensor que unirá y contrarrestará así los esfuerzos divergentes en los apoyos. Los bordes de la estructura son planteados en acero mientras la lámina en sí es de madera en tres capas con un espesor total de 5 cm. (2). Por debajo de esta estructura se encuentran los espacios de uso de la casa, que consta de tres habitaciones, un estar y cocina. Esta última no es más que un mueble complejo que articula el espacio público de la casa. Las habitaciones están delimitadas entre sí por tabiques de madera (3). Todo el límite del espacio interior -un cuadrado sustancialmente menor al de la cubierta- está materializado en vidrio (4). La madera del techo es vista tanto desde el interior como desde el exterior. Para eso, EC realizó la impermeabilización de la cubierta con resinas transparentes (5). La madera sería colocada sobre la diagonal del cuadrado, tomando así estas las curvas parabólicas de la lámina, dejando las rectas de la superficie reglada para usarlas como simple soporte para la realización del techo (6). De esta manera, las tablas de la cubierta se ubican exactamente en la vista inferior en la línea de los esfuerzos de compresión puros y en la parte exterior en la línea de los esfuerzos de tracción puros. Busca de esta manera un camino de expresión de las fuerzas actuantes, como luego trabaja la expresión de las láminas por medio de las líneas isostáticas, como lo muestra el mismo EC en Structure and Geometry (según él siguiendo a Nervi, quien a su vez lo había tomado del Proyecto A de la presentación del Concurso para el Palacio Littorio de Giuseppe Terragni).

La casa, en su carácter innovador, pronto encontró metáforas para ser nombrada (tanto para alabarla como para criticarla, compartiendo este destino con muchas obras del Movimiento Moderno). Así fue llamada alternativamente hoja de otoño (el preferido de EC), ala de murciélago (por Life), calzador o papa-frita (estos dos por quienes la detestaban).

La Raleigh House es una lección de cómo se debe trabajar un proyecto basado en una decisión estructural central. La lámina está definida en todo su rigor, llegando a tener un espesor sobre la luz de 1:600. No hay contingencia en la definición de la estructura. Ésta está dejada para la vida cotidiana que se desarrollará bajo ella. De hecho, la conocida definición de EC ‘La arquitectura es estructura, espacio y proporción’ encuentra en esta obra su mas ajustada aplicación. El modo en que la lámina del techo se separa del podio, dejando la distancia justa para el espacio interior, será una de las resoluciones más sensibles de la arquitectura de la década. El modo en que domina el bosque circundante, una de las imágenes más potentes del Movimiento Moderno (7). La geometría rige toda decisión del proyecto tanto en la lámina -permitiendo una solución técnica de alta eficiencia- como en el podio -organizando la vida interior y exterior-, y entre los dos definen todos los espacios de la casa. De hecho, para tomar posición sobre el lugar de la geometría en la arquitectura, EC se permite parafrasear a Platón: ‘El Gran Arquitecto siempre geometriza.’

La casa fue un suceso, siendo reconocida tanto por arquitectos como por un público más amplio. De hecho llegó a la revista Life, fue nombrada por la House and Home Magazine como “Casa de la década”, pero además logró algo que parecía imposible: que Frank Lloyd Wright alabara una obra de arquitectura que no fuera suya, cosa que hizo al escribir una carta a esta última revista diciendo que ‘Es refrescante ver que la cubierta, que es el elemento mas importante de la arquitectura doméstica, ha sido tan imaginativa y hábilmente tratada en esta casa por Eduardo Catalano.’(8).

Luego EC se iría al MIT a continuar y profundizar sus investigaciones sobre estructuras de superficies alabeadas, vendería la casa, y esta comenzaría a no recibir el mantenimiento que necesitaba, además de pasar períodos sin ser habitada. El desconocimiento, por parte de los habitantes de las obras técnicamente innovadoras, de las condiciones de mantenimiento de su tecnología, comenzaba a tener resultados nefastos en varias obras del Movimiento Moderno y la Raleigh house no fue una excepción (la reflexión al respecto de Shigeru Ban es ejemplar). Una casa pensada para ser usada a puro consumo energético mecánico (la casa originalmente carecía incluso del clásico hogar, solo con los años se le había agregado uno) no podía soportar ni la nieve posada sobre su suave (y en un punto literalmente inexistente) pendiente, ni las condensaciones sobre sus superficies (9). Para colmo, EC contaba cómo al pintar la cubierta de madera con resinas transparentes, los pájaros carpinteros atacaban la casa cada mañana, acelerando su deterioro.

Este deterioro creció y llegó a poner, en los noventa, en riesgo su delicado funcionamiento estructural, legándonos las terribles imágenes de la casa totalmente apuntalada. Pero, con esto, lo que en realidad parecía poner en funcionamiento la casa era la proposición loosiana de que la duración material de un objeto debería estar relacionada a su duración simbólica. Este modo de pensar la arquitectura ya había sido abandonado y a pesar del desinterés por este tipo de estructuras, EC había continuado con sus investigaciones, y había llegado a diseñar y ensayar estructuras que optimizarían su funcionamiento. Incluso llegó a reducir el espesor de estas estructuras de 1:600 a 1:6000 de la luz.

Las investigaciones en materiales y técnicas constructivas que realizó EC fueron tan rigurosas como olvidadas. La industria había llevado adelante su vínculo con el mercado sin tener en cuenta nada que tuviera que ver con estas investigaciones, así que cuando llegó el momento de reconstruir la casa para preservarla, los costos llegaban casi al millón de dólares y nadie quiso costearlo. Todas sus investigaciones como aporte a la industria de la construcción –algo que para él era un deber de todo arquitecto- no salieron de la universidad, y una estructura tan anómala como esta se volvía una artesanía costosísima. Ya nadie estaba dispuesto a recuperarla.

EC intentó, para salvar de alguna manera la casa, donar una estructura idéntica –pero construida con los avances que él había desarrollado- para ser elevada en el green de la NCSU, pero el Concejo de Profesores se opuso: estas instituciones ya estaban dominadas por los academicistas de lo inmediato, y este tipo de estructuras ya no formaban parte de su mundo posible.

EC era un arquitecto que se negaba a proyectar para el presente. Su fe en el futuro era paralela a su comprensión del pasado, y consiguió en esta casa que hoy solo podemos disfrutar en planos y fotografías, un ejemplo de lo que esta visión de la arquitectura puede lograr.

En Revista 1:100 número 34, septiembre 2011, pp 78-81.